24 noviembre 2007

La tienda de la verdad


El hombre caminaba paseando por aquellas callecitas de la ciudad provinciana. Tenía tiempo y entonces se detenía algunos instantes en cada vitrina, en cada negocio, en cada plaza. Al dar vuelta a una esquina se encontró de pronto frente a un modesto local cuya marquesina estaba en blanco; intrigado se acercó a la vitrina y arrimó la cara al cristal para poder mirar dentro del oscuro escaparate.....en el interior solamente se veía un atril que sostenía un cartelito escrito a mano que anunciaba: «Tienda de la verdad».

El hombre estaba sorprendido. Pensó que era un nombre de fantasía, pero no pudo imaginar qué vendían. Entró. Se acercó a la señorita que estaba en el primer mostrador y preguntó:

Perdón, ¿ésta es la tienda de la verdad?

Sí, señor, ¿qué tipo de verdad anda buscando: verdad parcial, verdad relativa, verdad estadística, verdad completa?

Así que aquí vendían verdad. Nunca se había imaginado que esto era posible, llegar a un lugar y llevarse la verdad, era maravilloso.

Verdad completa - contestó el hombre sin dudarlo. «Estoy tan cansado de mentiras y de falsificaciones», pensó, «no quiero más generalizaciones ni justificaciones, engaños ni defraudaciones»

¡Verdad plena! - ratificó.

Bien, señor, sígame.

La señorita acompañó al cliente a otro sector y señalando a un vendedor de rostro adusto, le dijo:

El señor lo va a atender.

El vendedor se acercó y esperó que el hombre hablara.

Vengo a comprar la verdad completa.

Ajá, perdón, ¿el señor sabe el precio?

No, ¿cuál es? - contestó rutinariamente. En realidad, él sabía que estaba dispuesto a pagar lo que fuera por toda la verdad.

Si usted se la lleva - dijo el vendedor - el precio es que nunca más podrá estar en paz.

Un frío corrió por la espalda del hombre, nunca se había imaginado que el precio fuera tan grande.

Gra...gracias, disculpe.... - balbuceó.

Se dio vuelta y salió del negocio mirando el piso.

Se sintió un poco triste al darse cuenta de que todavía no estaba preparado para la verdad absoluta, de que todavía necesitaba algunas mentiras donde encontrar descanso, algunos mitos e idealizaciones en los cuales refugiarse, algunas justificaciones para no tener que enfrentarse consigo mismo.

«Quizá más adelante», pensó....

Anthony De Mello

4 comentarios:

Anónimo dijo...

De vez en cuando hay que hacer
una pausa
contemplarse a si mismo
sin la fruicion cotidiana
examinar el pasado
rubro por rubro
etapa por etapa
baldosa por baldosa
y no llorarse las mentiras
sino cantarse las verdades.

Mario Benedetti

Siry dijo...

Hace unos años en un programa de TV preguntaban a un psicólogo las razones por las cuales la gente suele preferir una mentira ante una verdad, a lo que el profesional respondió, la mentira siempre es cocinada en cambio la verdad es cruda.
No estaremos preparados para la verdad mientras sigamos prefiriendo lo cocinado, lo que nos resulta suave y agradable.
Excelente reflexión para seguir la vía

Cristi dijo...

La gente prefiere decir mentiras, siempre una mentira empieza siendo pequeña con el paso de los dias, esa mentira que esconde una verdad dolorosa, por no lastimar prefiere decir otra mentira y asi una mentira tras otra viene hasta que llega al punto de no poder mentir ma sy nos toca escuchar la verdadera razon, muchas veces es preferible saber desde el principio aunque duela hasta en el fondo del alma.
Besos.

Adonai dijo...

Siry y Cristi, muchas gracias por vuestras reflexiones personales que me van muy bien. Hoy mismo, en la consulta, es un tema que ha salido varias veces y me siento obligado de ponerme las pilas. Gracias de nuevo y muchos besos.