09 abril 2014

El amor libera, el deseo encadena


¡Cuántas cosas creemos saber...!
Más... a poco que pongamos en práctica lo que conocemos es cuando se convierte en una verdad para nosotros, hasta entonces era tan sólo una teoría más.
Y qué misericordiosa es la Vida, que por poco que hagamos nos devuelve mil por uno...
Es un gozo que ese conocimiento se plasme, se convierta en verdadero saber y dé sentido a nuestro caminar y a nuestra existencia...
Tan sólo queda decir: Gracias...

08 septiembre 2013

Yo Soy la Luz en tí


Yo Soy la Luz en tí, esperando amorosamente que por fin me reconozcas y te reconozcas, pues Luz eres.
Te afanas tanto en lo externo, te sientes y crees tan incompleto cuando realmente nada se puede añadir a lo que eres, pues eres Mi Creación perfecta y sólo tu falta de reconocimiento y aceptación impiden que te realices, ya que en tu libre albedrío sólo es posible la medida que eres capaz de creer, y en base a ella estableces tu creación.
Deja de buscar fuera de tí, sólo encontrarás espejismos que se difuminarán antes o después, pues tienen su tiempo contado. Vuélvete a tu interior, busca lo impermanente, lo real, mas allá de la forma, tu auténtica naturaleza, e identificate con ella. No sufrirás más desengaños, pues ahí Me encontrarás a Mí y sabrás, por fin, quien eres, por qué existes y lo que Espero de tí...

06 julio 2013

Reflexiones



¿Quién eres, amig@?
¿qué buscas en tu vida?
¿qué esperanzas e ilusiones te mueven?
¿vas tras tus sueños?
¿cuándo es para tí el momento?
¿cuál es tu virtud, esa que nadie puede vivir por tí y seguro que tienes?
¿crees en tí?, ¿te respetas y te amas?

Yo te bendigo y te amo, creo en tí y en tus posibilidades, reconozco tu Verdad, te apoyo, estoy contigo...

10 abril 2013

Todo tiene corazón


Todo cuanto existe tiene corazón, y en su latido es la propia vida quien vive...

22 marzo 2013

El árbol solitario



Desde que era capaz de recordar siempre había estado solo. Algunas veces, no obstante, tenía pequeños atisbos de sucesos muy lejanos, como flashes que le transportaban a momentos de gran angustia en los que unos hombres armados con unas máquinas que parecían rugir segaban la vida a los enormes y longevos árboles que eran su pueblo. Él era tan pequeño que ni siquiera repararon en su existencia, quizá por eso se salvó… No sabía si era una pesadilla o un recuerdo real.

Su vida transcurría en la cima de su montaña, bajo el sol implacable unos días, el agua justa para mantenerlo con vida y el viento casi siempre constante que obligaba a sus raíces a agarrarse fuertemente a la tierra para no ser arrancado. No se podía decir que su vida fuera fácil.

No obstante se sentía satisfecho y agradecido. Gracias a él muchos caminantes que pasaban por allí eran capaces de orientarse en su camino, era como un faro para ellos. Algunos, se acercaban hasta él para contemplar el horizonte y aprovechaban para descansar a su sombra, apoyados contra su ya viejo y arrugado tronco. Algunas avecillas habían hecho sus nidos entre sus fuertes ramas, mientras que algunos pequeños animalillos venían a visitarlo y a comer del alimento que de él caía.

“No me puedo quejar”, se decía a sí mismo, después de todo no estoy tan sólo y, además, parece que soy útil a muchos otros seres… Mas eso no le evitaba pensar de vez en cuando qué agradable sería vivir formando parte de un bosque.

Cierto día de otoño, vio acercarse en la lejanía a un hombre que parecía ya viejo, como él mismo. El hombre, con paso cansado y lento se fue acercando poco a poco hasta que llegó junto a él. Dejó en el suelo una bolsa que llevaba colgada del hombro. Miró el horizonte a su alrededor y dijo:

“En todo cuanto mi vista alcanza a ver no hallo motivo alguno para seguir viviendo. Todos mis seres queridos se marcharon ya, estoy sólo, nadie se preocupa por mí, mi vida no tiene ya sentido. Lo mejor es acabar pronto.

Y agachándose a su bolsa la abrió y sacó de ella una soga que llevaba guardada, miró al árbol y buscó una rama que le pareciera lo bastante fuerte.  Lanzó la cuerda alrededor de la rama e hizo un lazo en un extremo. Buscó unas piedras grandes y las apiló bajo la cuerda, subió sobre ellas y se pasó el lazo alrededor del cuello.

Miró a la lejanía por última vez antes de saltar desde las piedras, y cuando iba a hacerlo escuchó que el árbol le decía:  ¡detente insensato!, ¿qué vas a hacer?, ¿es que acaso crees que tu vida te pertenece? Deja de medirte por lo que recibes y comienza a pensar en lo que debes dar, que no se te concedió el don de la vida para que dispusieras de ella sino para que a través de ella generaras más vida y contribuyeras a que ésta se ampliara y perfeccionara. Quizá tu soledad sirve para que otros sean capaces de valorar la compañía que tienen. Puede ser que tus lágrimas rieguen algunos corazones secos en los que de otro modo no podría brotar ni el más pequeño sentimiento. Tu vida no es tuya, amigo, tú eres de la vida, todos somos de la vida, somos la vida misma que vive en nosotros, ¿cómo sino podría existir ésta? El sentido de vivir no es recibir sino dar, y en ese dar recibes, pues eres tú quien se da.

El viejo no podía creer lo que estaba oyendo, pero aún le resultaba más increíble sentir que le importaba a alguien, parece que no estaba tan solo como creía. Notó que el corazón se le aceleraba y las piernas comenzaban a temblarle, y se dio prisa en quitarse el lazo del cuello y bajar al suelo mientras los ojos le brotaban como manantiales junto al viejo tronco, sollozando desconsoladamente.

Estuvo un tiempo dando rienda suelta a su emoción, y cuando al fin consiguió calmarse un poco se incorporó, abrazó el grueso tronco del anciano árbol y le dio las gracias por haberle salvado de su propio egoísmo. A partir de ese instante se pondría al servicio de la vida, haría cosas por los demás en vez de esperar a que los demás las hicieran por él, se volvía a sentir precioso, útil y amado.

El viejo recogió sus cosas y se alejó por el camino por el que había llegado, pero esta vez su paso era firme y decidido. Ya lejos se paró y volvió la vista hacia el árbol para mirarlo por última vez. Le pareció distinto, algo había en él que había cambiado. “Será mi estado de ánimo”, se dijo a sí mismo.

Al mismo tiempo, el anciano árbol le daba también las gracias al viejo, mientras que con los últimos rayos de sol contemplaba cómo un pequeño retoño nacía junto a él, justo donde las lágrimas del viejo regaron la tierra.

17 marzo 2013

Alma mía...


Alma mía,
te busco en cada instante de mi vida
en todo cuanto hago,
en todo cuanto siento,
en mi más escondido pensamiento...

Déjate ya encontrar,
no permitas que me pierda más de tí,
ven a mi encuentro,
 aproxímate a mí, no estés tan lejos,
que mis pesadas alas
apenas pueden emprender el vuelo...

15 marzo 2013

Somos instantes...


Sólo somos el instante, el eterno instante, en el ahora, sólo eso, nada más, todo eso...