22 marzo 2013
El árbol solitario
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Luciano Gil
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20 diciembre 2012
Ser quien de verdad eres...
No existen 2 copos de nieve idénticos, aunque parezca increíble...
La nieve es agua, y el ser humano está formado mayormente por agua, es decir, SOMOS ÚNICOS e IRREPETIBLES.
¿Por qué -entonces- nos empeñamos en repetir y repetir las mismas cosas, de la misma manera, en imitar a otros, en tratar de controlar y que no haya cambios...?
Demos cauce a nuestra verdadera naturaleza, seamos auténticos y genuinos, confiemos en el curso de la vida en la que existimos... En la medida que lo hagamos la vida nos apoyará, pues una de sus funciones es fomentar sus infinitas posibilidades que la enriquecen haciéndola cada vez mas amplia, mas completa, mas variada...
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Luciano Gil
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05 julio 2012
¿En quién te has convertido?
Hubo un tiempo, cuando aún no sabías hablar, en que eras totalmente auténtic@.
En aquel tiempo jamás fingías ser quien no eres, confiabas plenamente en tí mism@ y no te importaban las opiniones de los demás, te amabas totalmente, tenías muy claro lo que querías en cada instante.
Luego, poco a poco, te fueron educando, fuiste aprendiendo y llenando tu cabeza de conocimientos e ideas que fueron reemplazando tu autenticidad, que las creíste y empezaste a replicar en ellas, y así, cada vez confiaste menos en tí mism@, te amaste menos, fuiste menos tú...
¿En qué te has convertido a estas alturas de tu vida?, ¿sabes quién eres?, ¿sabes lo que quieres?, ¿sabes dónde vas?
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Luciano Gil
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18 enero 2012
LA FELICIDAD, por Phap Dund
En Plum Village, el monasterio cerca de Burdeos (Francia) donde vive Phap Dung, suenan campanas a cada rato. Y, cuando lo hacen, todo se detiene, en una peculiar versión del escondite inglés. El objetivo es cultivar “mindfulness” o atención plena, lo que él define como “la energía que nos ayuda a estar completamente presentes en la vida”.
Entre otras cosas, esto significa romper la arraigada tendencia de darlo todo por hecho. Abres el grifo y sale agua caliente, por ejemplo, pero el día que se produce una avería, muchos de nosotros nos subimos por las paredes. “La atención plena te ayuda a romper con esa manera de ver tan rutinaria, a apreciar el agua caliente cada vez que abres el grifo. Así puedes disfrutar de cada acto, por sencillo que sea, hasta de atarte los zapatos. Piensa que llegará el día en que no podrás agacharte con tanta agilidad”, señala Phap Dung.
El monje de 42 años, que en su otra vida trabajaba como arquitecto en Los Ángeles (California, EEUU), participa en el retiro sobre atención plena y educación que acaba de concluir en Plum Village, cuartel general del maestro Zen, escritor y activista nominado para el Nobel de la Paz Thich Nhat Hanh.
Acaba de participar en el retiro con una presentación sobre las relaciones personales. ¿Qué tiene que ver la meditación con las relaciones?
La mayoría de nosotros no disponemos de herramientas apropiadas para solucionar los conflictos familiares, de donde surgen luego todos los demás. Puedes vivir con tu familia sin estar realmente ahí. La meditación no es sólo mirar a una pared; también consiste en ser capaz de sentarte a hablar con tu familia con la concentración, compasión y energía necesarias para solucionar conflictos sin herir a nadie. La meditación es una herramienta que permite frenar, estar presente y observar las cosas con más profundidad, en lugar de correr detrás de todo tipo de estímulos. Alguien que medita está en calma, concentrado… puede convertirse en un refugio para la otra persona.
Usted es un monje célibe. No parece la persona más apropiada para hablar de relaciones.
Convivo con otros monjes y monjas. No importa que se trate de un matrimonio, de relaciones familiares o de amistad. Es siempre lo mismo. Por otro lado, la gente cree que los monjes estamos aislados del mundo. Pero es al contrario: antes estaba tan ocupado que no tenía tiempo de observar cómo actuaba. Pero ahora sé que para relacionarme con mis semejantes tengo que aprender a estar en calma, compartir, estar presente… los ingredientes básicos con los que construyes una relación.
Ahí fuera está lleno de estresados con grandes dificultades para escuchar.
Tenemos mucha tensión en el cuerpo y en la mente. Las prisas y el parloteo incesante en la cabeza traen estrés. Se trata de volver una y otra vez a la respiración, identificar cada inhalación como inhalación, cada exhalación como exhalación. Si la mente está ahí, en la respiración, deja de dar vueltas alrededor de otras cosas de fuera. En la sociedad hacemos lo contrario. Los jóvenes no son capaces de estarse quietos ni un momento. Quieren chequear su móvil o su e-mail constantemente. Les digo: ´relájate, no te estás perdiendo nada. Todo continuará ahí cuando vuelvas a encenderlo´. Están constantemente pensando en lo siguiente. Pero la vida sólo transcurre en el presente.
Incluso cuando estamos esperando, sin hacer nada, estamos estresados. Lo veo en el aeropuerto, por ejemplo. Estás rodeado de gente ansiosa, pegada a su teléfono y su ordenador. Pero si es un tiempo de espera, ¿por qué no te relajas? Pero en nuestra sociedad eso se vive como lo normal. Estar constantemente corriendo es lo normal.
Supongo que era de los que corría, de los ansiosos, antes de hacerse monje.
Desde luego. Los Ángeles es una ciudad muy dura, y yo llevaba una vida social intensa. Si te quedabas en casa un sábado por la noche, eras un pringado.
Recuerdo bien la primera vez que acudí a una charla de Thich Nhat Hanh. Nunca había experimentado nada parecido: un hombrecillo capaz de transformar la energía de un auditorio de 6.000 personas con el simple sonido de una campana. Todo se quedó en silencio. Fue la primera vez que me sentí verdaderamente en paz.
Y abandonó su trabajo de arquitecto.
Cuando estudiaba, era de los que quería cambiar el mundo. Pero eso se fue quedando atrás. Me di cuenta de que estaba tratando de tener éxito y de conseguir más y más a costa de perder mi humanidad. Trabajé con muchos arquitectos famosos y vi que no eran felices. Entonces supe que tenía que hacer algo; todavía no sabía qué, pero algo.
¿Pero cómo se cambia el mundo desde un monasterio? ¿Y si todos hiciésemos lo mismo?
Entonces –de estudiante– tenía esa ambición de conseguir grandes cambios. Ahora sé que uno tiene que empezar por uno mismo. Ser amable, ser buena gente. Eso es lo primero.
A todo esto, con tanto sosiego y deliberación, ¿se produce algo?
Tenemos muchas pruebas ya de que la multitarea no es buena. Las empresas no sólo buscan cantidad; cada vez más, buscan calidad, y eso no se consigue haciendo mil cosas a la vez.
Por otro lado, observa a los que producen mucho. ¿Son felices? Hay que reevaluar la cultura del rendimiento y el éxito. El deseo de conseguir más y más con frecuencia hace que pierdas tu dirección y hagas daño a otros. La meditación te ayuda a mantener la dirección y concentración sin perder tu humanidad. Cuando no eres feliz, no trabajas bien. La felicidad, por otro lado, es contagiosa.
¿Cómo define esta felicidad?
Una persona feliz se conoce bien a sí misma. Ama vivir. No está atrapada por sus ideas y emociones. Sabe cómo cuidarse. Esto no significa que tenga que estar contenta todo el tiempo, pero sabe lidiar con su sufrimiento.
Antes creía que era feliz cuando recibía cosas de fuera: fiestas, estímulos interesantes. Pero mira: observa este instante. Este es un momento feliz. Estoy vivo. Estoy hablando con alguien que quiere ayudar a otros. Puedo alimentar mi felicidad. Esto no es una constante, no hay que darlo por hecho; es una práctica que puedo cultivar.
Felicidad, disfrute… poco que ver con las palabras que una asocia con un monasterio: renuncia, oscuridad, sufrimiento.
En otras tradiciones, quizás uno acuda a un monasterio para obtener la felicidad en el futuro. Pero mira la vida. Como si fuéramos una flor: floreces, disfrutas del sol, de la lluvia, y después vuelves a la tierra. Como seres humanos, hemos salido de la tierra, estamos vivos, tenemos el regalo de la conciencia. Quizá vayamos al cielo, no sé; para mí esto es suficiente. ¿Quejarse? ¿Querer ir a otro sitio? Observa con atención lo que hay detrás de ese deseo, de esos pensamientos.
Hay gente que cree que vivir en un monasterio es salir corriendo de algo, pero eso es una mala interpretación. En esta tradición, estamos motivados por el deseo de vivir la vida intensamente y ayudar a que otros también lo hagan. Y a quien diga que esto no es normal, le invito a que examine su vida: correr, tratar de acumular más y más, esperar a los 65 años para retirarte y disfrutar de la vida… Aquí, en el monasterio, vivo intensamente todos los días. No tengo que esperar a jubilarme.
La felicidad es contagiosa sí, pero también lo es el miedo. Y de eso sabemos un rato en España, donde en los últimos tiempos se esparce como un virus…
Los medios de comunicación propagan miedo y negatividad. Se cuelan dentro de nosotros. Por eso hay que protegerse, no regar la semilla del miedo que todos llevamos dentro. Es un estado mental que puedes cuidar con lo que lees, con las conversaciones que mantienes, los programas que ves.
En sus charlas habla de la necesidad de no huir del sufrimiento. ¿Qué quiere decir con eso, exactamente?
Huimos de nuestro sufrimiento porque no tenemos suficiente solidez para confrontarlo. Alguien que es sólido es capaz de afrontar la adversidad y los desafíos de forma saludable. Es como en las artes marciales: si te entrenas y continúas practicando, no tienes miedo. Para conseguir fuerza necesitas alimentar tu capacidad de disfrutar de la vida, tu atención, gratitud por lo que tienes… con todo ello construyes claridad y fortaleza. Esto no significa que no padezcas dolor, sino que no huyes: no enciendes la tele, coges un libro, vas al cine, comes comida basura o te drogas para no esquivar tu sufrimiento.
Escapar no es posible, no funciona nunca. Más tarde o temprano te perseguirá. Quizá por la noche, cuando no consigues dormir. Cada sufrimiento que hayas superado te hará ganar en sabiduría, conocimiento, compasión por otra persona. De hecho, no quieres liberarte de todo el sufrimiento, porque una parte de él te hace comprender a la humanidad.
¿Es lo que pretende, desde aquí?
Para mí es suficiente con que sea capaz de ayudar a una sola persona a ser más feliz. Cuando me muera, no me moriré amargado. No contribuiré a propagar el miedo y amargura en este mundo. Esto no es budismo, es humanismo: dejemos de lado la cuestión religiosa, el monasterio. Los humanos sufren; quieren ser felices… sólo se trata de esto.
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Luciano Gil
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10 noviembre 2010
Aprovechar el tiempo
No sabemos cuánto tiempo tenemos. Se nos ha dado el regalo de la vida y, ¿cómo lo utilizamos?
Pareciera que vivimos como si tuviésemos todo el tiempo del mundo, seguramente aflora en nosotras la sensación, el recuerdo o la intuición de que realmente somos seres inmortales, pero a menudo desaprovechamos ese tesoro de tiempo que se nos dio y lo desperdiciamos inútilmente en menesteres que no nos conducen al puerto al que queremos llegar.
Vivimos en una sociedad consumista que tiende a tener ocupado todo el tiempo mediante todo tipo de actividades; existe el ocio y el tiempo libre y hay que ocuparlos como sea, y cuando no se sabe cómo hay que hacer lo que sea para matar el tiempo, no siendo conscientes de que, al actuar así, somos nosotras las que morimos poco a poco.
Todos los procesos de la naturaleza están sujetos a unos ritmos y existe también el tiempo del descanso, de la quietud, del no hacer, en el que el ser integra lo vivido, y tal y como esa experiencia se posa y clarifica se encuentra a sí mismo en ella y prepara las condiciones para realizar el siguiente movimiento.
Pero es necesario que el hacer tenga un sentido. No se trata de hacer cuanto más mejor, sino de que cada cual haga lo que sienta que tiene que hacer, ni más ni menos, sin picar en el anzuelo de las ofertas que pretenden tenernos siempre ocupados, distraídos o entretenidos en cosas, la mayor parte inútiles, que generalmente acaban confundiéndonos y apartándonos de nuestro proyecto de vida.
Es realmente importante ejercitarse en el verdadero hacer, entrar en el auténtico ritmo creador que posibilite la realización de nuestro proyecto vital, de nuestro ideal, ese que fue pensado y decidido para ser realizado por nosotros en este tiempo que se nos dio como vida, para que nada quede pendiente por nuestra parte y ésta contribuya armoniosamente en el proyecto de la totalidad de la que forma parte.
Así, podremos también hacer como se cuenta que hizo Dios cuando, tras cada día de la Creación, se detenía a contemplar y viendo el resultado lo daba por bueno. Y cuando un día, lejano o cercano, tengamos que partir, lo haremos con la satisfacción de haber cumplido con nuestro deber, que también derecho, y haber gozado con ello habiendo aprovechado útilmente el tiempo que tuvimos, convirtiéndolo en Vida…
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Luciano Gil
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04 octubre 2009
Regalo

A veces nos ofrecen un regalo a través de una situación que no nos gusta de antemano o de un ser que aparece en nuestra vida, y huimos de esa situación o evitamos a ese ser. Pero el ofrecimiento sigue ahí, perseverando para ver si al final lo aceptamos.
Esta gatita fue un auténtico regalo que no nos fue fácil reconocer y evitamos por un tiempo, hasta que fuimos capaces de entender el mensaje y la acogimos. Estaba ciega, pero tenía tanta luz que la llamamos "Lucecita".
Ya no está con nosotros, pero de otra forma sí, pues el regalo que hemos tenido a través de ella nunca lo olvidaremos: nos abrió el corazón. Quizás vino a eso.
Gracias…
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13 junio 2009
Cerrando puertas
Una de las utilidades de las puertas es que se pueden abrir y cerrar.
Parece tan obvio que hasta parece tonto decirlo, pero no lo es tanto si pensamos que muchas veces hay en nuestra vida alguna puerta que siempre está abierta sin intenciones de ser cerrada, cuando por ella nadie pasa y solo hay proyecciones pasadas o futuras en vez de realidades presentes.
A menudo es necesario pasar página, hacer un punto y aparte, cerrar etapas que nos permitan centrar toda nuestra atención, intención y energía en otras cosas, existentes o nuevas, y que de no hacerlo así nos vamos poco a poco envolviendo en una tela de araña fabricada por nosotros mismos que nos impide fluir con el curso de la vida.
Hay un tiempo para todo y todo tiene su tiempo, y sin estar necesariamente cerrados a nada es importante saber cuándo nos conviene cerrar alguna puerta que nos tiene como si fuéramos un portero, pendientes en algún nivel de algo que a veces ni nosotros mismos sabemos pero que habitualmente está relacionado con el apego, la resistencia o el miedo a los cambios.
Es una buena práctica tomar decisiones y llevarlas a cabo sin posponer una y otra vez tantas cosas que decimos querer hacer. Actuar de inmediato y no recrearse más de lo necesario nos pone en las mejores condiciones para aprovechar el instante, y la vida, aunque tengamos la sensación de pasado y futuro, sólo se puede vivir en presente. Cada instante que nos ha sido regalado y hemos dejado pasar no lo podremos vivir nunca.
Y para vivir hacer falta estar dispuestos a cambiar, la propia vida es cambio continuo, movimiento, adaptación a lo siempre nuevo, y eso requiere de nosotros ir ligeros de equipaje que nos lastre e impida caminar.
Sería una buena reflexión darse cuenta de si hay alguna puerta que queramos cerrar y no lo hacemos… y hacerlo ya, por fin, cuanto antes.
Cierra una puerta el bebé cuando nace, y se abre a una nueva vida. Cierra la niña el baúl de las muñecas y deja que la vida surja desde ella. Cierra el adulto las ventanas de la casa y contempla los tesoros que hay dentro de ella. Cierra los ojos el anciano y ve que sigue habiendo Luz…
Cerrar puertas y vivir el instante, actuando, haciendo, es abrir otras nuevas.
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14 diciembre 2008
Verdades incomodas
Esta mañana escuchaba la radio y hablaban sobre las “verdades incómodas”. Lo que decían los tertulianos me ha hecho sentir decepción, impotencia y algo más, y fruto de ello quiero decir lo que pienso al respecto.
No hay verdades cómodas o incómodas, hay verdades y mentiras.
Verdades a medias y mentiras piadosas solo son mentiras, y no sólo se miente con la palabra, también se hace con el gesto, con el comportamiento, con el silencio.
No sólo miente quien habla, miente también quien asume la mentira sabiéndola, quien calla, quien no la pone en evidencia por miedo, comodidad o el motivo que sea.
La mentira nos hace esclavos igual que la verdad nos hace libres. Mentira y miedo son opuestas a verdad y amor.
Cada persona tiene en cada instante de su vida el nivel de verdad que es capaz de asumir, nunca más.
Decir la verdad no equivale a ir por ahí diciéndole a todo el mundo lo que nadie te ha preguntado, ni a lastimar con las palabras. La verdad, dicha con amor, siempre llega al corazón.
Decir la verdad es una elección personal a la que siempre tenemos opción, por difícil que parezca.
El camino de la verdad no es siempre cómodo pero, ¿quién ha dicho que tuviera que serlo?, ¿es cómodo parir un bebé, por ejemplo? Sin embargo, siempre proporciona paz.
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Luciano Gil
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03 noviembre 2008
Formas de amar
Me pregunto: ¿existe solo una forma de amar o tantas como seres?
Creo que la mayoría hablamos de amar y del amor, nos mostramos de acuerdo o no, pero el sentido que cada cual le da puede ser tan diferente que es como si fueran cosas distintas. Y además solemos asumir que los otros utilizan la palabra amor con el mismo sentido que nosotros. Craso error.
Ante todo, el sentido profundo que una palabra tiene para alguien depende de lo que para él represente, de la experiencia que de ella tenga, más que del significado establecido en el diccionario.
Muchos de nosotros tenemos en nuestras vidas animales con los que convivimos, mascotas que muchas veces son una parte más de la familia, un miembro más, y a los que llegamos a amar tanto o más que a muchas personas, aunque suene algo fuerte. Para mí hay dos especies que representan muy bien los dos tipos de amor que más abundan en el género humano: los perros y los gatos.
El perro ama de una manera incondicional, está totalmente pendiente de su amo, siempre dispuesto a acudir a su llamada y a dar la vida si fuera preciso. Incluso soporta el palo y se queda sumiso esperando.
El gato es todo lo contrario, aunque siempre hay excepciones, por supuesto. Ya puedes llamar a un gato que sólo acudirá cuando le interese. No soportará que le pegues, lo harás una vez pero no más, incluso se podría revolver contra ti. Digamos que está contigo porque le interesa.
Y en el género humano tenemos esas dos formas de amar con, eso sí, toda una serie de variantes. Están quienes aman porque así lo sienten sin importarles la respuesta del otro y quienes aman mientras les conviene.
Quizás una de las formas más sublimes de amar la tengamos en las madres. El amor de las madres es el más elevado y desinteresado que podemos experimentar como hijos y sentir como madres. Una madre siempre amará a su hijo sea éste lo que sea, haga lo que haga, porque su amor es incondicional y no depende de lo externo, es carne de su carne, sangre de su sangre, lo ha llevado en sus entrañas y lo que a él le hagan se lo hacen a ella. Una madre jamás se divorciará de su hijo, jamás renegará de él, su amor no tiene límites, es para siempre.
El amor de pareja es distinto, es un amor basado en una mezcla de química, ideales, intereses comunes, y también está el sentir del corazón, por supuesto. Pero suele ser un amor que replica igual que la bolsa, con subidas y bajadas dependiendo de la oferta y la demanda, porque éstas siempre están presentes, yo te ofrezco y al mismo tiempo espero algo de ti, y tú haces lo mismo, explícita o implícitamente, consciente o inconscientemente.
No es mi intención extenderme mucho más sobre este tema, solo reflexionar un poco sobre lo que más se aprecia en cualquier relación de amor en su más amplio sentido, en los afectos en general, y es que suele estar siempre presente la demanda, la exigencia, el chantaje emocional, el teatrillo para conseguir lo que se pretende y la satisfacción de toda una serie de deseos a los que creemos tener derecho.
¡Qué bonito sería que comenzáramos a ensayar otro tipo de amor! ¿Por qué no elevar un poco el listón, hacer de un modo diferente, olvidarnos un poco de las estructuras mentales y emocionales rígidas que tanto nos limitan?
Amar por amar, amar por amor, amar porque se siente y no se puede evitar, sin tratar por ello de conseguir nada a cambio, ningún beneficio especial, ninguna situación de privilegio, sin demandas, chantajes, exigencias, sospechas ni controles de ningún tipo.
No podemos obligar a nadie a que nos ame, como tampoco nadie nos puede obligar a amarle. El amor debe surgir por sí mismo, es más, no se puede evitar, se siente y no se puede hacer nada, es algo que ha nacido y cuando algo ha nacido hay que cuidarlo y protegerlo, hay que darle cauce, y eso nos lleva, en el punto en que está hoy la humanidad, a recrear una nueva forma de expresión del amor, del afecto, de las relaciones en general, en la que todos somos aprendices y beneficiarios, pues siempre acabamos recibiendo lo que damos, nunca lo que exigimos. Jamás es un problema el amor en ninguna de sus manifestaciones, ahora bien, es responsabilidad de cada ser ver cómo es capaz de expresarlo teniendo en cuenta a la totalidad y no solo a sí mismo.
Está claro que esta sociedad tiene como cimientos toda una serie de creencias, leyes, imposiciones, etc. que hacen posible que funcionen muchas cosas, pero a costa muchas veces de limitar muchísimo las posibilidades de crecimiento y expresión de los seres que la formamos.
El amor es un arma de destrucción masiva, pero sólo de aquello que no es real, de lo que no vale ni sirve, pues sólo el amor es real, y por tanto es algo que la sociedad tiene que controlar para poder seguir existiendo conformada en la gran mentira que es. Por tanto, existen formas de control para impedir poner en peligro los cimientos fundamentales que sostienen la gran carpa de este circo en que vivimos.
Ante ello tenemos el reto de sentir cómo dar cauce a ésta energía de vida que ha hecho posible, entre otras cosas, que estemos ahora aquí, leyendo, compartiendo, respirando, viviendo…
¿Qué puede haber más liberador que dar amor y sentirse libre, libre de expectativas de recibir nada a cambio? De todas formas seguro que vuelve a nosotros de algún modo. O mejor dicho, ya está aquí, en ti y en mí, en este preciso instante, pues realmente… sólo hay amor.
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26 octubre 2008
La oportunidad
A veces pasamos nuestra vida esperando encontrar la oportunidad que deseamos, cuando todos los días estamos rodeados de oportunidades.
Aun en los momentos más difíciles y duros de nuestra vida hay siempre una oportunidad oculta esperando que la veamos y reclamemos.
Con frecuencia, una sola oportunidad bien aprovechada es suficiente para cambiar por completo nuestra vida.
La cuestión es que hace falta darse cuenta, y para ello es una buena ayuda que la mente esté libre de prejuicios que muchas veces no nos permiten ver más que lo que queremos, y que actuemos, pues de nada nos vale darnos cuenta si luego no lo llevamos a la práctica.
¿Qué oportunidades eres capaz de ver hoy, en este momento, en tu vida?
¿Estás dispuesta a aceptar ahora mismo una sola, una, y aceptar un cambio en tu vida?
Lo que tu decidas, así será.
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Luciano Gil
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22 octubre 2008
Todo sigue existiendo
Hay veces que el tiempo te sorprende desapareciendo de golpe, o arrancándote del instante en que estabas y llevándote a otro ya vivido hace mucho…
Es en esos instantes cuando vives la relatividad del tiempo y te das cuenta de que no hay fecha de caducidad para los momentos vividos si sabes o puedes ubicarte de nuevo en ellos sin ansias de atraparlos, cuando aceptas la vida como una sucesión de momentos que sólo permanecen en tu memoria en función del sentir que despertaron en ti.
Dejarse fluir en el curso de la vida es tener confianza en que nunca se pierde nada ni a nadie, que las formas, imágenes, aromas, todo lo que forma parte de los recuerdos, no es sino la expresión de la esencia que impregnó tu corazón y quedó formando parte tuya para siempre, y aunque las formas desaparezcan nunca lo hará su espíritu, ese algo inmaterial que hace posible que en un momento dado, sin esperarlo, te invada una sensación, un sentimiento, un recuerdo que hace que tu corazón se conmueva como la vez aquella, como si estuvieras de nuevo allí, y eso sólo es posible porque sigue existiendo, nada se pierde, todo permanece…
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Luciano Gil
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16 octubre 2008
Crisis
Estos últimos días, quienes vivimos en los llamados países del primer mundo, asistimos a lo que parece una hecatombe económica: bancos a la quiebra, bolsas hundiéndose, pérdida de empleo, etc. Parece que ya nadie duda de que estamos en crisis y la palabra recesión se hace oír cada vez más fuerte.
Pero los seres humanos nos empeñamos en ver todo como hechos aislados, no solemos contemplar la relación de los acontecimientos y se dice que esto pasará y todo volverá a la normalidad.
Le damos mucha importancia a perder nuestros ahorros o nuestro empleo y no caemos en la cuenta que todos los años de excesos y abundancia desmesurada que hemos tenido han sido a costa de generar pobreza en otros lugares.
¿Cuántos años hace que miles y miles de personas de los países llamados pobres sufren y mueren cada día sin que a nosotros se nos agrie la cena en el estómago? Pues sí, desde no se sabe cuántos años, por decirlo suavemente, mueren cada día muchos miles de personas por falta de alimento, no tener agua o beber agua contaminada, o no disponer de atención médica. Eso por no hablar de las víctimas de la guerra o la violencia en general, la explotación, las catástrofes y las formas paupérrimas de vida.
Ahora, cuando nos tocan a nosotros el bolsillo y el empleo es inseguro, lanzamos el grito al cielo y nos desesperamos como si fuera el fin del mundo.
Y en cierto modo parece que esto sea un aviso del fin del mundo, sí, pero de un mundo que ha hecho de la vida un acontecimiento casi imposible, donde el hombre mata y explota al planeta que lo sustenta y al propio hombre, ciego ante el precipicio al que se aproxima y dándose prórroga todavía para reaccionar, ocupado como está en tratar de apurar un poco más el beneficio que está sacando de lo que sea.
Se habla de cambio climático cuando hace dos años todos se reían, se habla de recesión cuando hace cuatro días no se aceptaba la palabra crisis, pero ¿quién habla de lo que los seres humanos tenemos que cambiar cada uno en nuestra vida?
Nosotros, la raza humana, estamos en plena crisis espiritual, humana, de valores, nuestro organismo también está en cambio climático porque deterioramos nuestros propios cuerpos con nuestros estilos de vida nocivos, vivimos con violencia, con soberbia, con avaricia, pensamos mal, en fin, la lista la puede completar cada cual si quiere.
Realmente se nos ha dado todo para poder hacer de esta tierra un paraíso y estamos al borde del desastre. No podemos separar el estado del planeta y la sociedad misma con el estado del propio ser humano. Y nadie, ni políticos, ni religiosos, ni científicos, ni filósofos, nadie llama la atención de una situación que no puede cambiar si el hombre no cambia sus parámetros de vida.
La responsabilidad es de cada uno de nosotros y el momento es ahora. No hay tiempo que perder, ahora menos que nunca, pues no sabemos con cuánto contamos ni en qué punto real de deterioro estamos.
Y no vale con saberlo, eso no cambia nada, es necesario actuar.
Dejar que duela, dejar que el dolor rompa la coraza que nos impide sentir, esa coraza que en vez de protegernos nos aísla y engaña haciéndonos creer que existimos separados de los demás, una coraza que nos impide enterarnos de lo que debemos conocer para realmente ser, una frontera ficticia en la que las barreras son una mera ilusión destinada tarde o temprano a derrumbarse.
Interpretar el lenguaje de la vida, la sincronía, las coincidencias, los sueños, cualquier pequeña cosa nos habla y nos guía si estamos atentos y hacemos caso dejándonos guiar. Amplificar cualquier pequeño suceso para no ver los hechos como algo aislado y sin relación. Existe una conexión entre todo, la vida es una e indivisible, nada está aislado del resto.
Abandonar el miedo que nos atenaza e impide que ampliemos nuestros límites, la resistencia a lo nuevo y desconocido, la comodidad que nos oxida y empequeñece al mermar nuestras inmensas posibilidades. Soltar amarras, no aferrarnos a nada.
Atrevernos a perseguir nuestros sueños, a que la vida sea una verdadera aventura y nosotros los actores, no los espectadores, a sentir todo lo que nos llegue y permitir que ello nos enriquezca, nos temple, nos complete.
Dar siempre la mejor respuesta posible ante lo que vivamos, aunque nadie se entere, pues nosotros sí lo sabemos.
Que nuestro corazón esté sereno ante nuestra vida, sin nada de lo que arrepentirnos, sin nada que ocultar, sin lugar para el disimulo o el ocultamiento.
Vivir la alegría aun en los momentos más difíciles, no sólo por nosotros, también por los demás.
Y confiar, tener fe, sentir que hemos sido creados por una Fuerza, que somos sus criaturas y que hay un Plan perfecto diseñado para que el ser humano realice todo su potencial y manifieste la verdadera divinidad que es, pues esa es su esencia, y a veces, ya lo hemos visto en otros momentos de la historia, el ser humano elige experimentar a través de las circunstancias más difíciles, y el Creador, en una muestra de respeto y amor, se lo permite…
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18 septiembre 2008
Vivir el instante
Vivir el instante, en el instante, como la nube que de pronto se forma contra el azul del cielo, y de la misma forma desaparece.
Permitir que sea total la vivencia del instante, como total la respuesta ante lo que surja, libre de condicionamientos pasados, sin reservas futuras, pura entrega total y confiada en la vida de la que formamos parte, en esa vida que nos vive y nos permite sentir que la vivimos como un inmenso y gozoso regalo.
¿Qué sabemos lo que vendrá después?, ¿acaso eso nos corresponde o lo necesitamos? No, no pertenece eso al instante que se basta por sí mismo, y en su vivencia constante nos lleva a un estar entregado y total, libres de todo peso que nos impida alzar el vuelo, como esa nube, cambiar de forma, dejarnos mecer por el viento mientras nos lleva por lugares jamás imaginados, vivir en un instante eterno de sorpresa y descubrimiento.
Nada falta, nada más hay, todo se da en el instante…
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04 septiembre 2008
Y después del día...
No vayas a mi tumba y llores
pues no estoy ahí.
Yo no duermo.
Soy un millar de vientos que soplan,
el brillo de un diamante en la nieve,
la luz del sol sobre el grano maduro,
la suave lluvia de verano.
En el silencio delicado del amanecer
soy un ave rápida en vuelo.
No vayas a mi tumba y llores,
no estoy ahí,
yo no morí.
Indio americano anónimo.
No llores por mí, llora por ti,
o mejor aún no llores,
pues tú y yo somos lo mismo
pese al engaño de las apariencias,
apacíguate, entra en tí y me sentirás.
No llores, no tienes motivo,
pues no me fui, estoy aquí, contigo,
siempre estuve y estaré,
en ti, en la tierra, en el rocío,
en el parpadear de las estrellas.
No llores mas por mí,
guarda tu agua para dársela al sediento,
y me la estarás dando a mí.
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Luciano Gil
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14 agosto 2008
Hacerse las preguntas adecuadas
Todos buscamos en algún momento de nuestra vida respuestas a algo, y una buena forma de obtenerlas es hacernos preguntas. Pero hace falta que las preguntas sean las adecuadas para que al formularlas muevan en nuestro interior algo que haga posible que surja la respuesta. Es como tratar de hacer fuego frotando dos piedras, de pronto puede surgir la chispa perfecta que pudiera encenderlo.
Es necesario, además, estar ahí presente, atreverse a sentir, no huir ante lo que surja, dar tiempo, cosas que no siempre estamos dispuestos a hacer porque eso compromete y el ser humano, en su mayoría, no se quiere comprometer más que en lo que le apetece y cuando le viene bien. “Sí, yo quería hacer fuego, pero ahora que he generado una buena chispa y veo que es posible dudo, no sé si de verdad quiero, mira que si…” Es el momento de arrimar combustible, cobijarlo, soplar un poquito para que la llama se prenda, y en todo ese proceso ya se intuye lo que viene.
No dedicamos a nuestras necesidades internas el tiempo que hace falta, muchos ni siquiera sienten que les haga falta inmersos como están en las actividades externas mientras, eso sí, dedican horas y horas a esculpir cuerpos perfectos y magníficos para sus espíritus hambrientos o a conseguir logros materiales que nunca saciaran otro tipo de hambre.
Cada vez que surge una pregunta desde dentro, de verdad, es una llamada de nuestro ser para que a través de ella lleguemos a algo. Aceptar el reto de la vida como seres humanos, seres que sienten inquietud, curiosidad, ganas de aprender y de hacer cosas, cosas distintas y no siempre lo mismo y de la misma forma, es aceptar la posibilidad de ir más allá del punto actual, es ampliar nuestras fronteras naturales, es estar dispuesto a replantearse todo lo que uno cree y aceptar la llegada de lo nuevo, de una nueva luz que ilumine otro trecho de nuestro camino, de implementar algún cambio o de empezar de nuevo. En suma, de descubrirse y conocerse un poco más.
Ante las preguntas no valen las reservas, pues la reserva que tengamos será lo que nos faltará en la respuesta que hallemos. Es entregarse totalmente y confiar en la vida, pues al fin y al cabo es la misma vida quien al vivirnos y darse en nosotros nos da también las preguntas que nos permitirán seguir hacia delante, siempre hacia delante.
¿Quién no tiene alguna buena pregunta que hacerse? Aprovechemos el tiempo ahora, no posterguemos, la respuesta puede ser tan importante…
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Luciano Gil
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04 agosto 2008
Los locos
En todas partes hay locos, ¿verdad? Bueno, es cierto que en unas más que en otras, pero sí, en todas partes cuecen habas, como dice el refrán.
Me vienen una serie de preguntas cuya respuesta sería interesante conocer, si es que es posible, como:
1- ¿qué se entiende por loco?
2- ¿es igual un loco en España, por ejemplo, que en U.S.A. o en Angola o en Nueva Guinea?
3- ¿es la locura igual ahora que hace 40 o 500 años?
4- ¿modifica la locura y su trato el estatus social de quien la vive –me explico, un pintor o actor conocido Vs un albañil desconocido?
5- ¿es una enfermedad?
6-¿Quién fue el primer loco?
7- ¿hay ciertas actividades o profesiones en las que predominan los locos?
8- ¿si el loco es rentable se le trata igual que si no lo es?
9- ¿existen ciertas actitudes “locas” que son admitidas y/o permitidas?
Llaman loco a alguien que tiene sus facultades mentales trastornadas, entendiéndose por trastornar todo aquello que inquieta, altera o perturba a alguien.
Evidentemente, dependiendo del lugar donde nos encontremos y su cultura, no se tendrá el mismo concepto acerca de la locura ni, por supuesto, la misma vivencia.
Cabría preguntarse también si un sujeto “loco” seguiría siéndolo en una isla deshabitada donde el único habitante fuera él y no estuviera, por tanto, sujeto a un criterio comparativo con el resto de personas a las que por el hecho de no estar no podría perturbar, inquietar ni alterar, ya que nadie habría para sufrirlo ni para calificarlo.
Me surge otra cuestión: ¿no sería tenido por loco cualquiera cuya forma de ser distara mucho de la general, poniendo en entredicho el sistema predominante o creando situaciones “incómodas” por no ajustarse a la moda establecida?
La verdad es que siempre me ha atraído el mundo de los locos y la locura. Creo que en esta sociedad estándar en la que vivimos, es uno de los últimos reductos de la auténtica y genuina originalidad. Y no quiero decir que no la haya entre el resto de la gente, no se malentienda, sino que los locos, como los niños y muchos viejos, están por encima de las historias que tanto influyen sobre la vida de la mayoría de gente y sus respuestas, por tanto, son impredecibles. Les da lo mismo lo que piensen los demás, son ellos mismos.
Cierto que hay locos que tiene perturbadas sus facultades mentales y no son capaces de crear un entorno de vida en el que sin renunciar a ser ellos mismos sean capaces de mantener un equilibrio con el exterior, pero de esos está también el mundo lleno entre los no locos, y ahí siguen.
¡Cuántos personajes famosos, artistas, científicos, aventureros, avatares, etc. fueron tachados en su momento de locos y posteriormente se admitió que gracias a ellos hubo un gran avance en algún aspecto de la vida humana!
Locos, endemoniados, brujos…, seres que se salen de lo común, visiones amplificadas de una realidad que se les queda pequeña y en la que se ahogan, que unos saben llevar mejor y otros peor, y mientras tanto, la gran masa de cuerdos en alerta, expectantes ante esos pocos locos que pueden poner en peligro el añejo sistema que no debe cambiar, no vaya a ser que algo se mueva. Hay que encerrarlos, atontarlos o, como mínimo, dejarlos de lado, ignorarlos y despreciarlos.
Creo que en este mundo en que vivimos, por lo que se ve a diario y lo poco que sabemos, hay que conservar la capacidad de ser un poco loco, hay que ver la locura como una parte de nuestro potencial que, bien llevada, podría proyectarnos no sabemos dónde, si no hubiera tantos cuerdos preparados siempre para atajar a cualquier oveja que bale distinta a las demás. Pero hay que tener mucho cuidado de no ponerse demasiado en evidencia, para eso, para conservar la capacidad de poder ejercer una locura útil, una locura que sirva para algo, para uno mismo y para los demás.
No me digáis que soy cuerdo, algo no estaré haciendo bien. Tenedme mejor por un pobre loco inofensivo y dejad que viva mi locura. Dejad que siga creyendo que esto tiene arreglo, que siga ilusionándome, que siga creyendo en imposibles, en milagros, en lo no demostrable, que siga dejando que mi corazón me lleve donde el Cielo quiera, que para eso fui puesto en la Tierra, para ser, quizás, un pobre loco que renunciara a su cordura y se dejara manejar por la mano del Gran Loco…
Hay que estar loco de verdad para seguir confiando en esta humanidad, para seguir dándoselo todo, para permitir que de nuevo, mañana, salga el sol. Hay que estar loco, ¡loco de amor!
Bendito seas, Señor, Tú sí que eres de verdad un auténtico loco, los demás somos solo pequeños aprendices que a veces dejamos que la locura roce nuestras vidas y en esos instantes vivimos la magia, la posibilidad, la vida…
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27 julio 2008
Creemos conocernos
Creemos conocer un poco a muchas personas, a otras –menos- creemos conocerlas mucho, y de alguna creemos saber hasta lo que piensa.
¿Quién está dentro del otro? Y aunque se estuviera, ¿qué cambiaría? Ni siquiera nos conocemos bien a nosotros mismos y vamos suponiendo y juzgando sobre los demás.
Qué difícil es saber las motivaciones y los sentimientos más íntimos de nadie, del que en un instante, sin pensarlo, dio la vida por salvar a otra persona o del que en un momento dado cometió una locura y mató a alguien, pero tendemos a adjudicar a los otros nuestros pensamientos, patrones, esquemas, unos programas que en el mejor de los casos necesitan actualizarse porque fallan escandalosamente (véase como le va la vida al ser humano en general y lo que está haciendo en este planeta).
Es muy complicado entender a los demás cuando no nos entendemos a nosotros mismos. Estaría bien, muy bien, empezar ahora mismo con uno mismo. Quizá sea lo único que podemos hacer, conocernos a nosotros mismos, saber quiénes somos, qué hacemos aquí, hacia dónde queremos ir.
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Luciano Gil
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25 junio 2008
El pensamiento es creador
El pensamiento crea tu realidad.
Es como el programa que hace funcionar un ordenador. Lo que el ordenador hace depende de las instrucciones grabadas en el programa. Es por eso que cada cierto tiempo se crean nuevas versiones de los programas, en las que se subsanan errores y se introducen mejoras.
Hay pensamientos de luz y pensamientos de tinieblas, pensamientos positivos y pensamientos limitativos, pensamientos de salud y de enfermedad, pensamientos tuyos y otros que hiciste tuyos aunque no lo son, que pueden venir de otro lugar o de otras personas, de alguien a quien valoras o admiras, de un libro que leíste, de una opinión comúnmente aceptada, del miedo…
Hay tantos pensamientos como caminos, y al igual que éstos, según cómo pienses tu camino cambiará.
Cada pensamiento es una causa en tu vida, y si le das curso creará en ella una serie de consecuencias, algunas de ellas previsibles y otras imprevisibles. Pero está bien tratar de descubrir dónde nos puede llevar cada pensamiento si le damos cauce y, hasta donde seamos capaces, ver qué consecuencias puede tener para nosotros y para los demás. Luego, podemos preguntarnos si estamos dispuestos a recorrer ese camino.
Si queremos que algo cambie debemos hacer algo nuevo, si hacemos lo de siempre ocurrirá lo de siempre. Y todo comienza con un pensamiento, por pequeño que sea.
Pienso algo, lo deseo, tomo la decisión de realizarlo y actúo. Ahí la causa ya ha generado sus consecuencias y ha creado nuestra realidad, nos guste o no. Y todos nuestros actos, consciente o inconscientemente, están relacionados con nuestros pensamientos, nuestros esquemas mentales, nuestros valores, nuestro programa…
Por cierto, ¿si tan cuidadosos somos con instalar antivirus a nuestro ordenador, cómo no hacemos lo mismo con nuestra mente? Podemos estar llenos de virus, gusanos, troyanos…, ¡a saber lo que hay ahí dentro!
Cuida tus pensamientos o podrás acabar en cualquier parte…
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Luciano Gil
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15 junio 2008
¿Sonido o silencio, hablar o callar?
¿Es mejor el sonido que el silencio?
A veces es necesario el sonido como lo es la semilla, y su función siempre es crear, ser fuente de vida y descubrimiento, ser luz que ilumine las sombras y permita ver con claridad. Jamás su intención debe ser herir o dañar.
Otras, cuando los oídos se cierran y los ojos no quieren ver, se impone el silencio y éste se hace oír desde dentro como un grito ante el que no es posible cerrar los sentidos, pues en el silencio se “siente” lo que no queremos escuchar. Hay silencios difíciles de soportar.
Pero para oír es necesario estar atento a lo que se escucha y cesar el parloteo interno propio, como para ver hay que contemplar con la mirada de un niño, y en ambos casos estar carentes de prejuicios. En caso contrario solo oiremos lo que queramos oír y veremos lo que queramos ver.
Sonido y silencio son el complemento útil y necesario para poderse comunicar. Y comunicarse es mucho mas que hablar…
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14 junio 2008
Principios Cósmicos para la humanidad
Llegó la hora de proclamar la humanización de Dios y la divinización del hombre.
He aquí resumidos los principios cósmicos dictados para la humanidad:
- Ciudadanía universal.
- Estados Unidos del Mundo.
- Abolición de las fronteras.
- Una sola Religión y un solo Credo, basados en el Amor.
- Abolición del nacionalismo y de todo lo que induce separatividad.
- Abolición de todo sistema armamentista.
- Organización de un Parlamento para regir los asuntos generales de la humanidad.
- Supresión de todo trust financiero, bloque político o poder autocrático.
- Garantizar la educación, una profesión y un trabajo para todos.
(J.Adoum)
Para muchos es una utopía. Yo creo que todavía es posible, y para ello se cuenta con nuestra respuesta individual, la de cada uno de nosotros, y no vale pensar si el otro lo hace o no; ese criterio no vale.
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Luciano Gil
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